Terror en la carretera.

Author:Suval, John
Position:TT: Terror on the highway.
 
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Los camioneros mexicanos se enfrentan a asaltantes de caminos.

Después de perder dos costosos cargamentos de almendras de California y uno de bacalao noruego a manos de asaltantes, Adolfo Juárez supo que había llegado la hora de contraatacar. El empresario de Ciudad de México contrató guardias de seguridad para proteger sus productos en la ruta de Veracruz y la frontera con Texas hasta su destino final en los establecimientos de la capital mexicana.

"Hay que adaptarse a las circunstancias", dice el dueño del negocio de importaciones Encuentro S.A. de C.V. "Si las circunstancias dicen que hace falta más protección, entonces hay que buscarla".

En las carreteras de México el robo de mercancías es tan común como los baches. Bandas organizadas roban cientos de millones de dólares en productos y crean un clima hostil para empresas de transporte y aseguradoras.

La Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), organización de unos 180.000 dueños de camiones, dice que todos los años se denuncian asaltos a unos 800 camiones, con pérdidas de US$253 millones. Es una mala noticia para un país donde el 90% de toda la carga se mueve en camión.

Sin embargo, la gran mayoría de los robos no se denuncian, dicen las autoridades. En zonas rurales como Filo de Caballo, en Guerrero, hay milicias locales que se toman la justicia por su mano: ahorcan a los asaltantes.

En Querétaro, Michoacán, Puebla, San Luis Potosí y Sinaloa tienen un alto índice de asaltos. Pero las carreteras que conducen a la enorme capital mexicana, plagada por la pobreza, son el frenético escenario de la mayor parte de los robos de carga, dice Manuel Gómez, vicepresidente de la Cámara de transporte. "Del 80% al 90% [de los robos] ocurre en la Ciudad de México y sus alrededores".

Red de distribución. Aunque ningún producto está a salvo, la carne, los vinos, el café, los alimentos enlatados, los equipos electrónicos y la ropa están entre los más codiciados por los delincuentes. Esos productos se consumen rápidamente o se absorben sin llamar la atención en los concurridos mercados populares.

Los asaltantes están bien armados, organizados y cuentan con una excelente red de distribución. "No es fácil asaltar un camión y vender las 25 toneladas del producto que lleve", dice Gómez. "Son cadenas enormes de distribución ilegal".

Hay muchos sospechosos a la hora de determinar quiénes son los asaltantes y quiénes los mantienen al tanto de los cargamentos. Algunos ven la mano de funcionarios...

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