A medio camino.

Author:Case, Brendan M.
Position:M
 
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La transformación económica y política que experimenta México ya ha generado grandes dividendos. Pero no está completa.

MEXICO QUIZA SEA UNA DE LAS ECONOmias latinoamericanas más dinámicas de la actualidad, pero también se ha convertido en un nido de confusión.

Varios políticos han roto todas las reglas al lanzar campañas presidenciales dos años antes de las próximas elecciones. Aunque el salario real aumentó por primera vez desde la crisis de 1995, los mexicanos contemplan con cautela su futuro económico, mientras una ola de delitos recorre el país.

¿Es esto progreso o caos? Quizá un poco de ambos.

México está en medio de una vasta transformación que abarca más que el libre comercio. La apertura económica que inició hace diez años cambia la forma en que operan las empresas, pero también se extiende al resto de la sociedad. Para algunos son evidentes las ventajas del aumento de las libertades económicas y políticas, pero el proceso está lejos de haber concluido.

"México pasa por varias transiciones simultáneas, lo que crea una sensación de caos", dice Antonio Alonso Concheiro, director de Analítica Consultores en la capital mexicana y uno de los principales futuristas del país. "Quizá sea más percepción que realidad, pero se trata de procesos delicados y vamos a tener que trabajar duro para encontrar nuevos arreglos".

México siempre ha sido una tierra de extremos: ricos y pobres, norte y sur, ilustrados y analfabetos. El cuadro de hoy no es sólo en blanco y negro, y la transición ha acentuado la división entre las empresas que compiten a nivel mundial y las que han quedado estancadas en el pasado.

Bajo esa división hay otra más profunda entre los que tienen la instrucción, el conocimiento y la habilidad de aprovechar las oportunidades, y los que no están preparados. Con un ambiente politico mucho menos autoritario, mantener el prometedor rumbo del libre comercio y la liberalización económica dependerá de que sus beneficios lleguen a todos los mexicanos.

Monterrey. No hay parte del país que ilustre mejor el lado brillante de la economía que Monterrey, en Nuevo León, el centro industrial a dos horas de la frontera con Estados Unidos. Los habitantes de esta orgullosa ciudad hacen gala de su agudeza para los negocios: hasta los taxistas dan su tarjeta de presentación.

Los regiomontanos consideran que su ciudad es el eje del Tratado de Libre Comercio (TLC) y señalan su experiencia en hacer negocios con Texas y el resto de Estados Unidos. Canadá abrió una cámara de comercio en Monterrey a principios de este año. Y muchos empresarios mexicanos y extranjeros en Nuevo León han convertido sus compañías en dínamos del TLC, con un total de US$5.500 millones en exportaciones el año pasado.

"Hemos visto un aumento del 25% en llamadas de empresas estadounidenses interesadas en montar operaciones en Monterrey, o en exportar sus productos al mercado mexicano", dice Santiago Treviño, director de la oficina en Monterrey de la Cámara Americana de Comercio. "Incluso vemos una escasez de mano de obra: hay puestos vacantes difíciles de llenar".

Cemex, posiblemente la empresa más conocida de Monterrey, es la segunda productora mundial de cemento, y su presidente, Lorenzo Zambrano, la ha convertido en una respetada multinacional. Vecinos como el Grupo Vitro, fabricante de vidrio, y la acerera IMSA también se han transformado en empresas internacionales.

A principios de los años 80, el gobierno tuvo que acudir al rescate del conglomerado industrial Grupo Alfa, cuando gran parte de sus negocios nacionales se desplomaron en una crisis...

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