Inflación y covid-19: un ejercicio para Colombia.

Date01 January 2022
AuthorCaicedo-García, Edgar

Inflation and COVID-19: An exercise for Colombia

Inflação e COVID-19: um exercício para Colômbia

Introducción

Desde finales de marzo del 2020 la pandemia del COVID-19 generó drásticos cambios en la vida de millones de colombianos de todas las edades, aislándolos de sus instituciones educativas, trabajos, negocios, cambiando sus ritmos de vida y de consumo. La clausura temporal de la actividad productiva y comercial, junto con las medidas de distanciamiento social--drásticas al comienzo de la pandemia y posteriormente más laxas--, focalizadas e intermitentes, han generado un desplome de la demanda en los sectores no esenciales y un significativo cambio en los patrones de gasto de los hogares.

En general, el sector de servicios ha sido el más afectado por los cierres temporales decretados por las autoridades locales y el Gobierno Nacional. En particular, el gasto destinado a hoteles, vuelos domésticos e internacionales, gimnasios, recreación, comidas fuera del hogar, gasolina y algunos servicios personales--parqueaderos, corte de cabellos y otros--, ha sido el que más disminuyó frente a otros gastos de la canasta familiar, los cuales incluso repuntaron, o luego, se mantuvieron relativamente estables como aquellos destinados a alimentación y salud. (1)

Es importante anotar que una buena cantidad de bienes y servicios, en los primeros meses de la pandemia, no estuvieron disponibles para la venta al público por el cierre de los establecimientos comerciales, lo cual dificultó el levantamiento de información por parte del Departamento Nacional de Estadística (DANE) para la actualización del IPC. Estas dificultades en la medición de los precios al consumidor, junto con la distorsión en la disponibilidad de los bienes y servicios, y el cambio en la estructura de gastos de los hogares, habrían generado un sesgo en la medición de la inflación al consumidor (Diewert & Fox, 2020; Reinsdorf, 2020).

La gran mayoría de los institutos nacionales de estadísticas, incluido el DANE, miden la inflación al consumidor siguiendo precios al público de una canasta fija de bienes y servicios, previamente seleccionada y definida a través de una encuesta nacional de ingresos y gastos. En Colombia, la actual canasta del IPC (base diciembre del 2018=100) y su estructura de ponderaciones, se definió mediante la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares (ENPH) del 2016-2017 (2) Además, las actualizaciones de la metodología del IPC se hacen cada 10 años, con lo cual no habría posibilidad de incorporar, en el corto plazo, el cambio en el patrón de gasto que originó la pandemia del COVID-19.

Para superar la ausencia de una cesta del consumo actualizada, se levantó información de gasto de los hogares con una fuente de información alternativa, diferente a la del DANE, la cual nos permitió capturar los principales cambios en el patrón de consumo generados por la coyuntura sanitaria. Con esta información alternativa se llevó a cabo un ejercicio para estimar una medida de IPC alternativa, la cual denominaremos en adelante IPC-COVID (o IPC actualizado), cuyo cálculo permitirá hacer comparaciones y analizar los posibles efectos de la actual emergencia sanitaria sobre la inflación. Ejercicios similares ya se han realizado en la literatura internacional para varios países, véase por ejemplo a Cavallo (2020) y Mitchell et al. (2020).

Dado lo anterior, para una adecuada conducción de la política monetaria se hace indispensable contar con un IPC que incorpore en su medición la recomposición del gasto producto de la pandemia, de tal manera que la inflación obtenida sea más informativa. Algunos de los efectos sobre el patrón de gastos de los hogares pueden desaparecer una vez superada la emergencia sanitaria, o gradualmente a medida que se reactivan más mercados, pero otros podrían ser permanentes, desencadenando un sesgo de cálculo en la inflación a largo plazo, lo cual debería ser corregido con prontitud para que las intervenciones monetarias de los bancos centrales sean las apropiadas (Seiler, 2020). Así mismo, la incertidumbre respecto a la duración y afectación de la pandemia es una oportunidad para evaluar la necesidad de actualizar con mayor frecuencia la canasta del consumidor por parte de la autoridad estadística. La actualización periódica de los ponderadores permitiría disponer de una inflación con menores sesgos de medición acumulados y más informativa a futuro. (3)

Este documento está organizado de la siguiente manera: en la sección dos se analiza la literatura internacional sobre el sesgo de cálculo en el IPC generado por el COVID-19. En la sección tres, se detalla la fuente y metodología utilizada para construir el nuevo vector de ponderaciones de la canasta de consumo para recalcular el IPC. En la sección cuatro, se muestran los resultados comparativos entre el cálculo del IPC observado y la medida alternativa, dividiendo el análisis por subcanastas (bienes, servicios, alimentos y regulados), y por niveles de ingreso. Por último, se presentan las conclusiones del estudio.

  1. Revisión de literatura

    Desde el inicio del masivo confinamiento mundial por el COVID-19 a comienzos del 2020, distintas entidades como el Fondo Monetario Internacional (FMÍ) o la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), alertaron sobre los problemas generados por las restricciones a la movilidad y los cierres temporales de ciertos sectores económicos, para levantar los registros de precios que alimentan el IPC. Aunque estas primeras alertas estaban más enfocadas hacia los retos que suponía la colección de información ante la clausura de ciertos establecimientos, se advertía también de las dificultades que estos cambios repentinos estaban generando en los gastos de los hogares. Sin embargo, aunque la falta de información pudo convertirse en un problema mayor, las medidas de imputación de datos concebidos para este tipo de situaciones permitieron sortear de la mejor manera estas dificultades hasta que la información fuese recopilada. (4)

    Las investigaciones posteriores se enfocaron más en las implicaciones del cambio en los patrones de consumo de los hogares a nivel mundial, que en las dificultades en la recolección de datos. Al respecto, autores como Diewert y Fox (2020) y Reinsdorf (2020) han señalado los obstáculos que supone un bloqueo de la actividad económica para los países que basan su medición del IPC en una canasta fija de bienes y servicios. Así las cosas, en una coyuntura como la actual de bloqueos de movilidad, cierres comerciales preventivos y desplome de la demanda, con significativos ajustes en el consumo, una canasta de bienes y servicios con ponderaciones fijas como la utilizada en la mayoría de los países, incluido Colombia, implica imprecisiones en la medición de los precios al consumidor, porque muchos de los rubros a los cuales se les hace seguimiento, pueden no estar disponibles o su consumo ha cambiado significativamente. (5) Como lo advierte Seiler (2020), lo anterior se explica debido a que el sistema de ponderaciones de gasto de los índices de precios se mantiene constante durante un periodo específico, ya que su objetivo es medir cambios en los precios mes a mes y no cambios en los patrones de consumo periódicamente. De igual manera, este autor resalta la importancia de tener en cuenta que los cambios en los patrones de gasto de los consumidores, el nuevo estilo de vida adoptado en la pandemia, así como la incertidumbre en los gastos y la demanda, pueden desencadenar un sesgo en la medición de la inflación de corto y mediano plazo.

    En general, los resultados encontrados en la literatura internacional muestran que la inflación observada se está subestimando desde los meses de confinamiento. De acuerdo con Reinsdorf (2020), para el mundo en conjunto, la tasa de crecimiento de 3 meses (marzo-mayo) del índice de precios derivado del COVID-19 excede la tasa de crecimiento de 3 meses del IPC oficial en 23 puntos base. Estas estimaciones realizadas para el promedio del orbe están alineadas con los hallazgos para Estados Unidos y otras 17 economías encontradas por Cavallo (2020), quien, utilizando información de gastos en consumo a través de tarjetas de créditos, encuentra que en la mayoría de los casos el índice de precios alternativo (IPC-COVID) arroja una inflación mayor que la calculada con el IPC oficial. En el caso de Estados Unidos, la inflación anual COVID a mayo del 2020 se situó (0.95 %) más arriba del dato oficial (0.13 %).

    A su vez, Seiler (2020) encuentra para Suiza que la inflación fue más alta durante el confinamiento que lo sugerido por la inflación del IPC, siendo la variación anual del índice de precios COVID (-0.4 %) en abril del 2020 más alta que la derivada del IPC (-1.1 %). En el mismo sentido, Mitchell et al. (2020) para Canadá encontraron que la inflación anual en mayo del 2020 afectada por el COVID-19 resultó más alta (-0.1 %) que la oficial (-0.4 %). Adicionalmente, Cavallo (2020) muestra que las familias de bajos ingresos, al comienzo de la pandemia, venían experimentando una inflación anual (1.12 %) más alta, que la registrada por los hogares de altos ingresos (0.57 %). En línea con estos hallazgos...

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