La felicidad depende del diseño urbano.

Author:Lora, Eduardo
 
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Cómo conseguir ciudades que ayuden a que sus habitantes sean felices. Las recetas son bien claras.

Mejorar el espacio público no suele ser la prioridad de los alcaldes, por la sencilla razón de que es algo que le interesa poco a la gente. La seguridad, el estado de las vías y la movilidad son demandas más inmediatas de los ciudadanos.

Es la típica cultura de la clase media que aspira a poder llevar algún día una vida libre de estrés y sobresaltos y que, por el momento, está agobiada con demasiadas preocupaciones económicas y familiares para poder pensar siquiera en los sitios de recreación, las zonas verdes o la cultura ciudadana. De eso, que se ocupen los demás.

Desgraciadamente, ésta es la receta para el infierno urbano en el que están convertidas cientos de ciudades latinoamericanas.

Con base en numerosas investigaciones y utilizando testimonios personales y fotografías, un reciente libro del periodista canadiense Charles Montgomery, titulado "Ciudad Feliz", muestra en qué consiste un diseño urbano orientado a la felicidad.

Esencialmente se necesita que los espacios públicos estén concebidos para hacerles la vida amable a los peatones (no para facilitar el flujo vehicular), para que haya más interacción entre gentes diversas (no para segregar a ricos de pobres) y para que se pueda combinar trabajo, vivienda, compras y ocio en forma ordenada, es vez de separar cada actividad espacialmente.

Las ciudades donde la gente vive más a gusto, como Copenhague, Nueva York, Londres, París o Vancouver, tienen cada día menos automóviles y más espacio en plazas, vías peatonales y ciclovías. Para sustituir el vehículo privado, estas ciudades han invertido en mejores buses públicos y trenes urbanos, y en diversas modalidades de bicicletas y autos de alquiler que están disponibles...

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