Desarrollo insostenible en la historia humana.

Author:Arango, Omar Gonz
Position::ADMINISTRACI
 
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RESUMEN

Este artículo es producto de algunas reflexiones en torno a los planteamientos hechos por autores como David Arnold en: la naturaleza como problema histórico y las confrontaciones que se pudieron hacer con los elaborados por James Lovelock en su excelente obra, GAIA, una nueva visión de la vida sobre la Tierra, complementado con los aportes hechos por Serge Latouche en su maravilloso libro, El planeta de los náufragos. Igualmente, los elementos tomados de Linn Margulis en ¿Qué es la Vida?, y de Jon Erickson en, Un mundo en desequilibrio que, sumados a los anteriores, fueron suficientes para tomar, como punto de partida, la cita del Eclesiastés, en los intentos de conducir la disertación en torno al rol que la especie humana ha jugado desde su reciente aparición y las consecuencias que, tanto para si como para la naturaleza tienen sus acciones destructivas y de lo cual se desprende que, en la relación Hombre-Naturaleza, esta última parece estar en posición dominante sobre el primero.

Palabras clave: ambiente, desarrollo, dominación, Gaia, naturaleza, termodinámica.

Introducción

La anterior cita del Eclesiastés, es un buen punto de partida para disertar en torno a la problemática relacionada con los interrogantes que suscita el fenómeno del desarrollo en el con texto de la historia humana.

Al margen de cualquier confesionismo fanático que pudiera deducirse de la cita anterior, es importante considerar el hecho de que la naturaleza es el escenario en el cual la historia humana se presenta, y esta historia, da cuenta de que unas generaciones van y otras generaciones vienen; generación tras generación: unas que nacen, otras que desaparecen. Ello significa, que tal escenario no ha permanecido estático, por el contrario, ha cambiado y, esos procesos de cambio han traído consigo hitos importantes en la historia de la humanidad, consecuencia de lo cual, han surgido planteamientos como los de Arquímedes, según los cuales, en la relación hombre-naturaleza, esta última está en posición dominante y no de subordinación.

El hecho de que la vida humana tenga una historia más bien reciente, en comparación con la historia de la naturaleza, empieza a mostrar cierto nivel de dependencia de la primera en relación con la segunda, sin importar qué tanta sea la in fluencia actual de la gente hacia la naturaleza, es decir, sin importar el que prácticamente ya no quede mucha naturaleza libre por entero de alguna clase de influencia humana (Erickson, 1993).

La naturaleza y el ambiente en ella, da lugar a ciclos de hambre y de abundancia, fomentando o prohibiendo ciertos tipos de estructuras sociales, organizaciones económicas y hasta ciertos tipos de creencias. Ello explica en parte, el auge y la caída de civilizaciones. Esto, dicho como está expresado en el punto de partida, no es más que, una generación que va, otra que viene, pero la tierra siempre permanece.

Que en el último siglo aparezca el hombre como amo y señor de la naturaleza, sus guardianes y/o destructores, no significa que ésta como escenario, esté quieta, estática y pasiva. Por el contrario, la naturaleza responde a su manera a los desafíos humanos, sin que se le perciba, algunas veces extinguiendo poblaciones.

Podría afirmarse, en el contexto de la naturaleza y el ambiente actual, que es similar al primigenio mundo de PANGEA. (1) Estamos hoy en la aldea global o en la civilización planetaria, en la cual, la historia de la naturaleza, y con ella, la historia ambiental, tiene la capacidad de ser la historia del mundo de un modo singularmente dinámico y amplio. Global como en el homogéneo y prístino mundo de Pangea. Hoy, las plantas, los animales, las enfermedades, y hasta los cambios climáticos, pasan o son llevados de un continente a otro, afectando en grado sumo a generación tras generación.

Cuando Arnold (2000) plantea "el problema de la naturaleza en relación con la expansión de Europa por medio de tres temas interconectados: las enfermedades epidémicas, las fronteras en movimiento y la colonización de la naturaleza, se concentra en los pasados quinientos o seiscientos años a partir del siglo XIV. Muchos de los casos trascendentales de cambio ambiental, han ocurrido durante los últimos cinco siglos, o bien se repiten (quizá a mayor escala), episodios de tiempos anteriores". (2)

De nuevo es tentador recordar el punto de partida: Todo lo que es, ya fue; todo lo que fue, será; todo lo que se hizo, eso se hará. Nada nuevo hay bajo el sol. Y, de todas maneras, conduce a reflexionar sobre aquellos que protagonizaron la expansión de Europa en ese tiempo; aquellos que colonizaron la naturaleza. ¿Dónde están? Respuesta: pertenecen a generaciones que ya fueron superadas por la acción de Ia naturaleza. Ya fallecieron. Y la naturaleza ahí, con su aparente estaticidad, y su lentitud en reaccionar, pero con su invisible agitación interna y externa.

Fallecieron millones de seres humanos por la acción de las enfermedades (la peste negra entre dias); a otros, se los tragó el océano; a otros, la madre tierra. Todos reposan, todos reposaremos el largo sueño de los extintos. Y la naturaleza seguirá como escenario de lucha, enfermedad, vida y muerte de hombres nuevos que rápidamente envejecerán y también sucumbirán a los embates de la naturaleza y sus sistemas en cualesquiera de sus formas. Nadie hay, hasta ahora que diga: Yo pertenezco a la generación del siglo XIV y heme aqui plantado, vivo y resistiendo a la madre natura.

Nadie sobrevive a GAIA. (3) Ésta, con su extraño pero extraordinario mecanismo de autorregulación, también a nosotros, los humanos, como a todos los seres vivos, nos regula.

Civilización o decadencia

Ahora bien, "el ambiente, por lo regular, en la forma de clima y topografía, pero a veces también como enfermedad u otros peligros naturales, dicta las características fisicas y mentales de una sociedad, sus métodos de subsistencia, su vida cultural y sus instituciones políticas, dictaminando incluso si una sociedad será o no capaz de escalar las alturas de la civilización o quedará confinada a los abismos del salvajismo y la barbarie" (Arnold, 2000), ¿Qué se podrá concluir al respecto si se hace un inventario de las realidades sociales, políticas, económicas y culturales que hoy por hoy se viven en Latinoamérica y África subsahariana? ¿serán infelices coincidencias de falta de superación dc estados de salvajismo y de barbarie?

¿Qué podemos decir a escala global cuando se reseña la afirmación "la humanidad ha terminado por dominar a la naturaleza pero ha abusado de ella y la ha maltratado y ahora debe vivir con las consecuencias ambientales y sociales de su acto prometeico"? (Arnold, 2000)

No ahora, sino siempre, al hombre le ha tocado vivir suieto a los dictámenes de la naturaleza. Si vive a tono con lo que cree que son los mecanismos de autorregulación de la madre tierra, en su corteza, es posible que se olvide de que es habitante de un planeta feroz, que cuando menos se espera, ataca desde sus entrañas, expeliendo salivas de lava, cenizas y roca destructoras, y cuando no de las entrafms, si: gira que te gira el viento y vuelve el viento a girar, algunas veces, en forma de tormenta y huracanes que sólo ruínas dejan al pasar, arrasando con cualquier vestígio de vida humana. Vuelve y juega entonces, el punto de partida.

Las fuerzas ambientales

Todos los seres humanos son semejantes en esencia; lo que los hace diferentes son las fuerzas ambientales, los aires, las aguas, los lugares y por lo tanto, las enfermedades a las que están expuestos. En el pensamiento griego era común que el cuerpo humano fuera percibido como un microcosmos de la naturaleza y, en consecuencia, lo que agitaba a la naturaleza como los vientos fríos procedentes del norte o el cambio de una estación a otra, tendría un erecto correspondiente sobre la fisiología humana. Este determinismo biológico, coincide con la posición según la cual, "cuando hablamos de la vida de la biosfera, tenemos tendencia a olvidar que los procariotas, simples bacterias, ordenaban la biosfera con éxito y representaron la vida en la Tierra durante casi dos (2) cones (2 000 millones de aflos). Todavía hoy, son...

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