Desaceleración súbita.

Author:Goodman, Joshua
Position:TT: Sudden deceleration.
 
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El sector automotor argentino trastabilló. ¿Puede el presidente Fernando de la Rúa devolverle el impulso?

Gustavo paz, de 63 años y veterano trabajador automotriz argentino, ha vivido muchas crisis. Pero nunca se ha sentido tan desesperado como ahora. "Al menos cuando las cosas iban mal, teníamos buenos hospitales, buenas escuelas y el salario valía un poco más", recuerda Paz, que gana US$900 al mes en la planta de Ford en las afueras de Buenos Aires. "Pero hoy todos le temen al futuro y no hay nada qué hacer".

Paz no es el único. Para los 11 fabricantes extranjeros de vehículos en Argentina, el país se ha convertido en sinónimo de un gran fracaso. Y a pesar de su confianza en la actitud positiva del nuevo presidente, Fernando de la Rúa, la mayoría cree que sus problemas están más allá del alcance de un solo hombre.

Todo comenzó, afirman los fabricantes, cuando Brasil dejó flotar su divisa frente al dólar en enero de 1999, lo que duplicó el precio los productos argentinos. Síntoma de una crisis fiscal que se calentaba desde hacía tiempo, la devaluación desató una batalla comercial entre los dos principales socios del Mercosur, donde los argentinos protestaban que no podían competir con los autos hechos en Brasil, más baratos.

Casi inmediatamente, las líneas de ensamblaje en las fábricas argentinas de vehículos se detuvieron. "Durante casi la mitad del primer trimestre de 1999, la planta estuvo vacía y todos nos preguntábamos si sobreviviríamos", recuerda Francisco Codina, presidente de Ford de Argentina. "Estábamos muy tensos porque el presidente de Ford, Jacques Nasser, nos venía a visitar a saber cómo planeábamos salir de este problema, y nadie estaba seguro de que las soluciones que ofreceríamos iban a funcionar".

Para los fabricantes, el mejor remedio era una combinación de reducir la producción y jubilaciones anticipadas.

Incluso la marca de más ventas en el país, la italiana Fiat, cree que no le queda mucha gasolina en el tanque. "Nos pegamos de cabezazos contra la pared preguntando por qué habíamos invertido aquí", dice Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Auto Argentina.

El 2000, un año muerto. En 1995, durante el apogeo de la inversión extranjera en Argentina, Fiat decidió sacar del bolsillo US$642 millones para construir la más moderna de sus plantas en el mundo, con una capacidad de 600 vehículos diarios pero que ahora produce sólo 120. "Para nosotros, el 2000 es ya un año muerto", afirma Rattazzi. "Y a menos que se haga algo...

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