Por qué el capitalismo (no) funciona.

Author:Hern
Position:TT: The reason capitalism does, and doesn't, work. - Rese
 
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¿Por qué el capitalismo triunfa en Occidente y fracasa en el resto del mundo?, se pregunta el economista peruano Hernando de Soto en su reciente libro, The Mystery of Capital (El Misterio del Capital). La pregunta se formula en un momento oportuno: tras la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, el mundo se convirtió de la noche a la mañana en un laboratorio de globalización capitalista. Diez años después, el experimento ha fracasado, como indican la ruina de Rusia, el reumatismo de los tigres asiáticos, el tambaleo de América Latina. El libro se publica justo cuando el Fondo Monetario Internacional acude al rescate de la náufraga Argentina, uno de los países que con más entusiasmo había aceptado la cura de caballo (¿de Cavallo?) a los males del estatismo.

De Soto se monta en una máquina del tiempo para estudiar las causas del fracaso y descubre que los países en desarrollo están hoy donde se encontraba el Primer Mundo hace dos siglos: apogeo de la economía informal, migración del campo arruinado a ciudades superpobladas, acumulación de capital en manos de una reducida elite. De Soto observa un detalle singular: los pobres de los países en desarrollo, en realidad, no son tan pobres, ya que, según sus cálculos, poseen US$9,3 billones en bienes raíces. Sólo que esa propiedad no puede convertirse en capital porque no está debidamente legalizada y registrada. Es lo que De Soto llama "capital muerto". Para resucitarlo, apunta que Occidente se salvó de las predicciones catastróficas marxistas gracias a la estructuración de un complejo sistema de propiedad legal mediante el cual los bienes de todo propietario adquirían un valor mensurable y por lo tanto podían utilizarse para conseguir o producir capital. Lo que le falta a los países en desarrollo, aduce De Soto, es una estructuración jurídica similar de la propiedad. De nuevo, la salvación radica en copiar al Primer Mundo.

De Soto explica que al implementar la reforma del sistema de propiedad, los gobiernos deben convencer primero al público de las bondades de entrar en la economía legal, y luego asegurar a las elites que nada tienen que perder con el cambio, sino todo lo contrario, porque la legalización de las masas marginalizadas creará más negocios.

Ahora bien, la buena voluntad de la propuesta choca de frente con la experiencia histórica: los privilegiados siempre --naturalmente-- son renuentes al cambio a menos que sus privilegios estén amenazados. De Soto olvida...

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